Recuerdo todavía mi embarazo, el parto y el post-parto de mi hija mayor
Núria; de eso hacen ya siete años largos, cosa que se dice rápido pero
aún parece que fue ayer cuando todo ocurrió.
Acudí al Hospital a hacerme la revisión del embarazo el mismo día en que
llegaba a término según las fechas que me habían dado ellos en las
visitas anteriores; no estaba resultando un buen embarazo y por ello,
estaba cada dos por tres en el servicio de urgencias del mismo bien por
pérdidas o por revisiones estrictas que me tenían que hacer allí.
Ese día, cuando salí de la revisión, me noté muy dolorida; apenas podía
andar y mientras esperaba al padre de mi hija que regresara con el
coche, me apoyé en un muro al lado del hospital; imaginaos mi dolor y mi
cara que debía de ser como un poema, que hasta salió el vigilante
jurado del hospital para ver si me encontraba bien pues varias personas
le habían indicado que fuera del hospital había una chica embarazada que
parecía que estaba de parto...
Llegué a la casa de mis padres y me quedé allí mientas el padre de mi
hija volvía del trabajo; apenas comí nada; tan solo deseaba estar
recostada en el sofá.
No notaba un dolor en concreto, tan solo estaba cansada y deseaba dormir.
Sobre las diez de la noche volvió el padre de Núria y mis padres le
instaron a que me llevase al hospital, porque hacía mala cara; la verdad
es que yo no tenía ganas de ir, pero con semejante bombo y tan agotada
cualquiera se ponía a discutir.
Ya en urgencias, me informaron que estaba de parto aunque no había
dilatado ni tenía contracciones, por lo que decidieron ponerme
oxitocina.
La oxitocina lo que hace es acortar el tiempo de parto, haciendo que lleguen las contracciones y se inicie la dilatación.
Eran las doce de la noche más o menos cuando empecé a notar las
contracciones; al principio eran tan solo algo molestas y podía saber
cuando llegaban debido a que estaba monitorizada en la sala de
observación.
Tras romperme la bolsa de aguas para acelerar aún más el parto, me
condujeron a otra sala en donde ya daría a luz a mi hija, pero aún
quedaban bastantes horas.
Las contracciones eran cada vez más dolorosas y seguidas, pero el parto aún estaba por llegar todavía.
Me ofrecieron ponerme la epidural a lo que accedí sin saber muy bien en
qué consistía ni nada de nada; me dieron una hoja para que la firmase, y
la verdad es que lo hice sin tan siquiera leérmela; tan solo deseaba
notar menos dolor, pero los problemas estaban por llegar.
El anestesista que me tenía que pinchar la epidural en la columna
vertebral no lo lograba debido a que tengo escoliosis y a que cada vez
que me presionaba con el dedo entre vértebra y vértebra para poder
localizar un buen hueco en donde pinchar, me hacía moverme ya que es una
zona que tengo muy delicada.
Tras varios intentos me dijeron incluso que si seguía moviéndome no me la pondrían...
Imaginarme con los tremendos dolores de parto debidos a las
contracciones, el dolor de columna más los pinchazos de las banderillas
del anestesista y encima me dice que me va a dejar allí... yo ya estaba
toda cruzada; perfecto que fuese prímara y ese mi primer parto, pero
pago unos impuestos y una seguridad social para que se me trate algo
mejor.
Las doce de la noche, hora en la que había ingresado ya estaba muy
lejos; ahora eran cerca de las cinco de la tarde del día siguiente, y yo
seguía allí con unos dolores que nadie lograba mitigar, nadie me
explicaba nada de nada y encima solo notaba pinchazos y más pinchazos en
la espalda.
Debo decir que el promedio de dilatación en las mujeres que no han dado a
luz es de 10 a 14 horas mientras que el expulsivo es de 1 a 2 horas
aproximadamente mientras que en los segundos partos, ese tiempo se queda
en la mitad aproximadamente; aunque cada mujer es un mundo.
Yo ya estaba dilatada y ahí seguían intentándome poner la epidural sin
éxito alguno; en eso que noté de golpe unas ganas tremendas de apretar
en una de las contracciones y así lo hice; enseguida noté que algo raro
había pasado pues notaba que tenía algo como encajado en la vagina.
Solicité que se me acercase una de las enfermeras y le indiqué que había
apretado y que notaba algo abajo en la vagina a lo que ella me contestó
literalmente:
- Eso es que te has cagad...
Me entró tal mala leche que mi respuesta fue dedicada con la misma educación:
- Que me mires el coñ...
Supongo que mi cara de mala leche y mi ímpetu convencieron a la "profesional" para mirar si efectivamente ella tenía razón.
Tras mirarme todo empezó a suceder muy deprisa; yo ya estaba sola en la
habitación solo con las enfermeras, el anestesista y una comadrona; el
padre de Núria estaba fuera mientras jugaban a las banderillas conmigo
por lo que nadie de mi familia se enteró de lo que allí dentro sucedía.
Resulta que en el empujón que había dado, no me había defecado encima
no, sino que había encajado la cabeza de mi hija y allí se le cortaba el
oxígeno.
Enseguida se alarmó todo el mundo en la sala; en cambiaron a una camilla
y me llevaron al quirófano; en ningún momento me informaron de nada,
simplemente todo iba sucediendo.
Se me acercó un médico con una mascarilla que me puso en la boca y me
dijo que me iban a dormir, que contase de cincuenta hacia atrás. Creo
que en el numero 47 ya dejé de contar.
Cuando desperté, estaba en una sala de recuperación medio dormida y sin saber nada de nada de lo que había ocurrido.
Más tarde, me enteré de que mi hija se había quedado encajada en mi
vagina y que como la presión la podía estar dejando sin oxígeno con el
consiguiente peligro para su vida, decidieron dormirme entera para
sacarla con fórceps, cosa que hicieron pero no demasiado bien ya que me
desgarraron toda la vagina por dentro y tarde bastante en poder
recuperarme.
La verdad es que recuerdo mi primer parto con pánico y como algo
patético profesionalmente; no diré el nombre del hospital en donde fui
atendida por no perjudicar a otros médicos que tal vez sean mucho más
profesionales que los que me atendieron a mi hija y a mi hace siete
años, pero os aseguro que si esto me hubiese pasado hoy otro gallo
hubiese cantado.
La inexperiencia es lo que tiene, que no sabes nada de lo que te sucede ni lo que te están haciendo.
Por eso os deseo transmitir con estas letras que penséis que tenéis todo
el derecho a saber todos los pasos que se van a tomar en principio en
vuestro parto y a conocer también los que se van a dar en caso de
cualquier tipo de complicación.
Tenéis derecho a saberlo todo y a dar vuestra opinión al respecto.
Hoy por hoy mi hija tiene ya siete años!! como pasa el tiempo... me hago vieja ya.
Tiene un hermanito de un mes y tres semanas llamado David y la mar de precioso.
Núria nació con tres kilos cuatrocientos gramos y la mar de sanísima.
Esta ha sido mi experiencia en el parto de mi hija; mi primer embarazo y mi primer parto; nada que ver con mi segundo parto.
Un beso a todos y muchas gracias por todas vuestras valoraciones y comentarios.
Muacks

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